EDUCACIÓN, SALUD MENTAL y RESILIENCIA

En el ámbito familiar y escolar
Doctora ELISABETTA PAGLIARULO

Modalidad de producción: ENSAYO CIENTÍFICO

Introducción:
La salud no es la ausencia de la enfermedad, es un estado de completo bienestar físico, psíquico y social, esta definición es atribuida a la Organización Mundial de la Salud y constituye el marco más adecuado para analizar el concepto de salud mental con relación a la educación, tanto en ámbito familiar como escolar.
La salud mental no es un estado que se hereda, ni es la resultante de un deseo o acción individual; su presencia se hace evidente mediante indicadores que atribuyen a un individuo un determinado comportamiento. De lo expuesto se deduce que el estado de bienestar mental es el resultado de un proceso de interacción de diferentes agentes y/o factores y no es definitivo, se caracteriza por una constante búsqueda de adecuación entre la persona, sus representaciones mentales y la relación con su entorno social, tratando, en especial, de resolver sus disonancias, (Festinger, L. 1957). La salud mental es evaluada mediante la correspondencia entre la conducta de un individuo y el comportamiento esperado por el grupo social al cual pertenece.
La salud mental está vinculada a los valores, normas, prescripciones culturales, etcétera, que una sociedad ha legitimado y se hace evidente a través de los grados de aceptación que muestran sus miembros. No obstante, ese mismo comportamiento puede ser evaluado de distinta forma según el contexto social en que se realiza. Consecuentemente Goffman (1976), llega a definir a la salud mental no como un conjunto de síntomas identificables sino como una “incorrección situacional”, la misma mostraría una ruptura de las reglas sociales que definen la interacción comunitaria.
La diversidad de modelos explicativos de la salud mental, además de la diferentes representaciones sociales de su concepto, no permiten concebir un modelo integrado, ni un criterio de definición único de salud o enfermedad mentales.
Para el DSM-IV “Manual estadístico y de diagnóstico de los trastornos mentales” los criterios principales para el diagnóstico de la enfermedad mental son: la existencia de sintomatología, el comportamiento social desajustado y la duración prolongada de los síntomas, de hecho la ausencia de los mismos implicaría lo contrario, salud mental.
El reconocimiento de la salud mental como un proceso determinado histórica y culturalmente en la sociedad, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social, y está vinculada a la concreción de los derechos al trabajo, al bienestar, a la vivienda, a la seguridad social, a la educación, a la cultura, a la capacitación y a un medio ambiente saludable. La salud mental es inescindible de la salud integral, y parte del reconocimiento de la persona en su integridad bio-psico-socio-cultural y de la necesidad del logro de las mejores condiciones posibles para su desarrollo físico, intelectual y afectivo. Ley Nº 448 de Salud Mental de la ciudad de Buenos Aires. Cap.I Disposiciones generales.
Para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la salud mental es una cuestión del Estado, éste debe preservarla y mejorarla porque los ciudadanos tiene derechos que resguardan su salud en todos sus aspectos. Lo que no es aceptable su definición de salud mental como un proceso “determinado históricamente y culturalmente por la sociedad”.
La persona aparece en la experiencia esencialmente como un “mi” con la organización de la comunidad a la que pertenece. Esta organización, por supuesto, se expresa en las características particulares y en la especial situación social del individuo. Es lo que es en cuanto miembro de dicha comunidad, pero con una herencia y con una posición especial que la distinguen de todos los demás, no obstante, no se constituirá una persona, si no tiene una relación con la comunidad.
La estructura organizada de cada persona individual, dentro del proceso social de experiencia y conducta, refleja las pautas de relaciones organizadas de dicho proceso en cuanto un todo y está constituida por dichas pautas. Pero cada estructura de persona individual refleja un distinto aspecto o perspectiva de esas pautas de relaciones, y está constituida por las mismas desde su punto de vista único. Mead, G. H.(1990)
El individuo reacciona continuamente contra esa sociedad. Cada adaptación involucra algún tipo de cambio, el equilibrio estable que le permite una adaptación superadora es lo que denominamos resiliencia. De este modo la salud mental constituye un equilibrio dinámico ante los riesgos inherentes a la vida en sociedad, que a su vez lo fortalece para nuevos y más graves embates.
Estas primeras disquisiciones sobre salud mental pretenden introducirnos en la diversidad de conceptos que aluden al tema y a las dificultades de marcar los límites como objeto de estudio.
No podemos pensar en la salud mental como un valor absoluto, se contempla como un proceso dinámico por el cual todas las personas a lo largo de sus vidas atraviesan por diferente períodos en los que el grado de salud varía dentro de los carriles de salud-enfermedad.
El objetivo de este ensayo consiste en tomar la salud mental como proceso y resultado de la educación considerada como la realización de la persona en las situaciones sociales, en especial en los ámbitos familiar y escolar. Además, establecer relaciones entre salud mental y resiliencia. Por lo tanto, es indispensable hacer una análisis de la situación actual de la familia y su relación con la institución escuela, en cuanto constructoras de significados que generan salud mental.

Familia y escuela: ámbitos del análisis de la salud mental
Una de las notas distintivas de la institución familia es que en ellas el trato social es interno y frecuente. El distanciamiento de la familia tradicional de la actual es justamente la pérdida de esta condición de relación cotidiana.
Hoy no se hace vida de hogar, su intimidad ha desaparecido, los miembros de la familia vigente se ven accidentalmente, incluso, a veces se evitan.
No obstante esta realidad, difundida en forma alarmante, es evidente la importancia que exista el trato social íntimo, espontáneo y frecuente porque en él está el núcleo del proceso de la interacción humana. Esta condición es esencial y además es la que estimula la vida social, la que afianza las relaciones y las interacciones, porque la multiplicidad y diversidad de relaciones dan cuenta del tipo de cultura del grupo.
Otra función de la familia es la crianza y educación de los hijos; que conjuntamente con la institución escuela, tienen como finalidad la transmisión de los valores y la cultura del grupo, podemos afirmar al respecto que hoy la familia ha delegado en la sociedad esa función, en cierto modo se ha retrocedido a las primeras etapas de la evolución de esta institución, con la diferencia de que entonces los nuevos miembros eran considerados tácitamente como hijos del grupo y hoy son los hijos de los otros, casi los enemigos, por lo tanto no se regulan las relaciones por las normas compartidas, sino por la anomia generalizada.
La crisis de la familia como institución social, a la cual asistimos, se genera y potencia por la pérdida de la especificidad de los roles y funciones dentro de ella; lo mismo sucede en la escuela, los agentes educativos no quieren o no pueden desempeñarse como tales, los niños y jóvenes no tienen modelos y las relaciones no se basan en el amor, sino en el egoísmo. Hemos llegado a un punto tal que no se reconocen cimientos morales para sustentar los trabajos y las entregas que cada cual tiene que cumplir, se viven las funciones como cargas y no como respuestas ineludibles que comprometen la pertenencia a cada grupo.
Llegado a este punto, esta situación no es responsabilidad exclusiva de la familia, ella vive al amparo de los avatares políticos y económicos; sufre las avalanchas ideológicas que tratan de quitarle el sustento moral. La tecnología conlleva la despersonalización del trabajo, ha logrado disminuir al ser humano, a tal punto, que junto con otros factores, trabajar es considerado un castigo, porque no significa ni dignidad, ni creatividad. Se han distanciado las grupos sociales profundizándose la brecha en el entramado social.
La educación ha cedido terreno a las modas y los padres han delegado su responsabilidad educadora. La escuela reafirma su función educadora pero la comparte con la atención social diversificada, alimentaria, asistencial, etcétera. De todo este análisis se comprende que la renovación y el fortalecimiento de la familia y de la escuela, y como consecuencia, de la sociedad es una labor conjunta, así como es también responsabilidad de la política socio-económica y cultural actual.
El espacio familiar junto con el de la escuela son los que más evidencian los problemas de incomunicación, por lo tanto, son los de mayor gravedad dada la importancia formadora que se le adjudica a estos ámbitos. Aquí es donde se genera o se permite la violencia, en todas sus versiones, física, intelectual y espiritual. Pagliarulo, E.(2003)
No es necesario abundar en el diagnóstico de la familia actual, sabemos que ha perdido mucho de los sentidos de su existencia, sin desechar las teorías de su evolución.

Indicadores negativos de una familia disfuncional proclive al deterioro de la salud mental
El abandono: Cada uno de los integrantes de la familia ha abandonado su rol, se confunden, superponiéndose o enajenándos, de esta manera, se ha entablado la lucha por el poder que cada rol tiene en el grupo, que sin dudas conforman un cuerpo, un sistema de relaciones, funciones y comunicaciones. El que consigue imponerse es el que manda, hoy vivimos una paidoarquía, que desemboca en una adolescencia autoritaria e insegura, confundida por un abandono prematuro durante la niñez y por la entrada a una adultez temprana e inmadura. A su vez, los padres descienden hasta la imitación y la inconsciencia adolescente; el desplazamiento de las etapas evolutivas y sociales produce el vaciamiento de las responsabilidades propias de cada rol.
La incomunicación: Para poder definirla y darle la dimensión de su presencia, es necesario recurrir a su opuesto. Comunicación deriva del vocablo latino communicatio “puesta en común, intercambio de palabras, acción de participar”, traducido en “manera de estar juntos”, por lo tanto, un modo privilegiado de relación en ese ámbito.
La comunicación permite a los hombres establecer entre ellos relaciones que les induce a apreciar lo que los diferencia y los reúne, creando vínculo psicológicos y sociales. Charaudeau P.; Maingueneau, D, (2005)
La incomunicación divide y distancia a los integrantes del grupo generando el aislamiento y el autismo social, nefasto para construir una buena salud mental.
La violencia es la manifestación o el ejercicio inadecuado de la fuerza o del poder. Esta idea implica manifestación o ejercicio extemporáneo (fuera de lugar y de contexto) o desmesurado (inapropiado en intensidad)
El concepto de violencia no precisa intencionalidad del agente o del paciente. Así podemos, sin antropomorfizar, hablar de la “violencia de los elementos”, “tormenta violenta”, “ruido violento”; no es necesario que un comportamiento violento sea agresivo y viceversa. Por ejemplo, durante el juego de los niños puede producirse violencia (manifestación o uso inadecuado de fuerza) sin que haya agresión (transitividad o intención de dañar o de no ser dañado). La violencia modifica el contexto en que viven las personas y, con él, su salud mental. Esta no es un constituyente invariable de sus vidas ni se da en la misma forma en todas las regiones de la Tierra.
El pensamiento occidental ha desestimado desde sus inicios culturales la existencia de la prepotencia. Muchos pueblos han mostrado complacencia en la agresión y el sometimiento de otros, pero la conciencia sobre la prepotencia todavía no es nítida y clara hasta nuestros días. La cultura de nuestro tiempo ha enmascarado con variados eufemismos la prepotencia y la agresividad. Capanna, (1996)
La descalificación, que se asimila con la burla y la discriminación dentro del sistema familiar se identifica con las actitudes de una contracultura. Bosch, (1999).
Todos estos aspectos que reconocemos en el ámbito de la familia, están presentes en la escuela actual, multiplicados por el mayor número de personas que interactúan simultáneamente.

Teorías psicosociales que explican las relaciones sociales desde una perspectiva mercantil y utilitaria
Las relaciones humanas pueden ser la fuente de mucha felicidad o de una profunda desesperación; también pueden engendrar aburrimiento, descontento, inquietud, hastío, esto sucede si no responden a las expectativas propias, las deseadas con respecto a los demás, o no son capaces de sobrellevar las demandas o situaciones de la vida. (Ámbitos que la Federación Mundial para la Salud Mundial marca como campos de observación ante un diagnóstico)
Podríamos caracterizar la época actual como el momento histórico en que más expectativas ponemos en las relaciones íntimas y por el contrario, son las fuente de profundas decepciones.
En el estudio de las relaciones, el enfoque psicosocial que ha logrado más cantidad de seguidores es el llamado del intercambio social. Para los que consideran que la asociación entre personas se rige a partir de los principios que regulan el mercado económico, sostienen que “compramos” la mejor relación que podamos obtener, vale decir, nos adscribimos a la que nos ofrece más remuneración a menor costo.
Es necesario profundizar estos aspectos para construir un marco de análisis de la familia y de la escuela actuales, que en gran medida se han convertido en espacios a los cuales se accede desde una posición materialista y utilitaria.
¿Qué parámetros adoptamos para elegir al otro miembro de las relaciones humanas: familiares, pareja, esposo, amigo, compañeros, etcétera?
Partiendo de las recompensas que pueden ofrecer, se elige al que posee determinadas características intrínsecas como lo son los atributos personales: belleza, inteligencia, bondad, etcétera. O el ofrecimiento de un servicio: relaciones sexuales, préstamos, atención, contención, recomendación, etc.
En cuanto a las características extrínsecas del otro para establecer una relación se puede pensar en el dinero, el prestigio, la protección que la misma puede reportar. Se ven claramente estos motivos que justifican la recompensa en la relación de una pareja, pero también cabe este enfoque en cuanto a la relación con los hijos y con los demás miembros de la familia grande. ¿Cuántas veces asistimos al deterioro de la relación con los miembros mayores de la familia cuando éstos ya no aportan más que trabajos y requieren atención por sus enfermedades o vejez?
Toda relación implica costes para los que intervienen en esa relación. Conducirse dentro del esquema de relaciones por las remuneraciones posibles implica esfuerzo y tiempo. Para que dure una relación es necesario asumir ese coste. En otras palabras, si la relación pretende ser duradera tienen que tolerarse los aspectos desagradables de la relación, esto es más llevadero cuando se pueden lograr recompensas que los neutralicen.
Si existe otra posibilidad de relación que ofrece menor coste o mayor remuneración es muy común que se produzca una solución de sustitución o cambio en los integrantes de las relaciones.
Si bien la concepción mercantilista de las relaciones es la perspectiva teórica predominante que reconoce la psicología social en la actualidad, hay que admitir que también existen relaciones altruistas, desinteresadas y que sostienen los vínculos dentro de parámetros más espiritualistas y generosos.
Otra teoría sobre las relaciones sociales basada en el intercambio, es la de la inversión Rusbult, (1980). Desde esta perspectiva la inversión está compuesta por todo recurso psicológico o material que se emplea en la relación y tendría dos proyecciones: que se pierda el capital relacional, en el caso de que finalizara la relación o que se capitalice como experiencia positiva y de crecimiento para el inversor. Es la situación en que un integrante se siente como beneficiado, aún cuando, la relación termina. Desde esta última visión nunca se pierde en las relaciones sociales y son casos notorios de salud mental o del producto de una intervención externa que genera resiliencia.
La teoría de la disonancia, es sostenida por Festinger, (1957) La situación de disonancia constituye un estado de impulsión desagradable que los individuos intentan reducir por diversos motivos y medios.
Entramos en un estado de disonancia cuando tenemos una relación que nos cuesta un gran esfuerzo mantener y lo hacemos a pesar de la irritación que nos produce.
Una forma de reducir la disonancia es convencerse de que los objetivos o metas por la que sufrimos la irritación/disgusto, valen la pena, en definitivas, resulta aceptable. De esta manera los aspectos negativos pueden neutralizarse hasta llegar a un puesto de aceptación, o puede desembocar en el fin de la relación; cuando la disonancia persiste, a pesar de lo trascendente de los beneficios que reporta.
La teoría de la equidad, afirma que los excedentes de beneficios para unos y las carencias de beneficios para otros son desagradables por igual y que las personas intentarán restablecer la equidad; una equidad real en función de las aportaciones y retribuciones, o bien una equidad psicológica en la que se considera que el miembro de la pareja que obtiene un excedente de beneficios se los merece.
Este marco teórico que nos aporta la psicología social, como ciencia que estudia las relaciones sociales, muestra en este caso un perfil bastante frecuente en las relaciones dentro de la sociedad actual y nos sirve para un análisis diferente de las relaciones familiares y escolares.

Proyección de los modelos de las relaciones familiares utilitarias a la escuela.
La escuela, grupo social afectivamente significativo, reproduce las paradojas que presenta el ámbito de las relaciones familiares. Los alumnos soportan, en algunos casos, el doble abandono de la familia y se la escuela, no encuentran contención en los espacios afectivos más genuinos.
La violencia y la prepotencia son dos constantes en la cultura actual y campean abiertamente dentro del ámbito escolar. Ya sea en forma explícita como en forma de violencia simbólica.
La incomunicación se refuerza desde la imposibilidad de acceder a un conocimiento real del otro, y desde lo afectivo, en la inexistencia de conductas contenedoras y resilientes.
La discriminación y la descalificación se han convertido en mecanismos de defensa para resguardar el poder, aunque sea pequeño, que confiere seguridad a los que lo poseen, en esta mundo en constante crisis y cambios.
Estos condicionamientos familiares y su extensión al ámbito escolar degradan a la persona humana, ¿Por qué y cómo justificar entonces el deseo de aprender y esforzarse para lograrlo?
Se hace necesaria una mirada más humana y esperanzada de las relaciones sociales para rescatar las condiciones resilientes en cada persona, para colaborar con la salud mental. Constituye un desafío para la familia y para la escuela actuales, poder concebir una sociedad más justa y saludable

Resiliencia y salud mental
La palabra resiliencia proviene del latín, de resilio, que significa volver atrás, dar un salto; pertenece al vocabulario de la Física y hace referencia a la capacidad de un material para recobrar su forma original después de haber estado sometido a una condición de exigencia máxima. Se proyectó por analogía a las ciencias humanas para referirse a la facultad que permite a las personas, no obstante las condiciones adversas, salir indemnes y transformadas positivamente por esa experiencia.
Presupuestos básicos del paradigma de la resiliencia
· Existen evidencias científicas de que no todas las personas sometidas a situaciones de riesgo desencadenan enfermedades, desarrollos retardados o crisis irremediables, todo lo contrario, hay quienes superan la situación negativa y salen fortalecidos por la misma.
· No siempre se pueden asociar situaciones de riesgo con disfunciones relacionales y sociales; muchas situaciones de exclusión social producen reacciones superadoras.
· Se ha podido reconocer que en la mayoría de las reacciones resilientes ha existido una intervención o mediación de factor/es, que se activan en situaciones muy especiales.
· Las observaciones sobre personas y grupos que logran afrontar las desgracias satisfactoriamente de alguna manera plantean un desafío a los paradigmas tradicionales en cuanto a la forma de abordar los problemas y sufrimientos humanos.
· El punto de partida del análisis de una situación adversa, para la teoría de la resiliencia consiste en resaltar las fortalezas de la persona o grupo para salir adelante, y no privilegiar las causas o condicionamientos negativos.
· Pueden reconocerse “pilares de la resiliencia” Suárez Ojeda, (1997) que se muestran como indicadores: a) Introspección; b)Independencia; c)Capacidad de relacionarse; d)Iniciativa; e)Humor; f)creatividad; g)moralidad; h)autoestima consistente. Melillo, (2003).
· Sin dejar de reconocer que las personas son vulnerables a los conflictos y a las adversidades, como también lo son las relaciones sociales, muchos de los científicos que investigan el tema de la resiliencia, han reconocido algunos condicionamientos que la refuerzan, tales como creencias, actitudes y aptitudes. Se puede inferir que son recursos que poseen o están al alcance de las necesidades humanas. ¿Podrá denominárselo componentes de la salud mental?

A modo de síntesis
La permanencia de la familia con sus fortalezas como institución social constituye uno de los desafíos más grandes de las sociedades en la actualidad.
Nadie desconoce su importancia como continuidad a través del tiempo y como ámbito de desarrollo de sus integrantes, lo que sí es evidente, que esta institución primaria y fundante ha evolucionado, es decir, se ha ido adaptando en cada época y lugar, de manera que muestra su poder instituido e instituyente. Pero en los últimos tiempos se pueden reconocer fuerzas, de índole diferentes, que convergen para su deterioro que acarrea como consecuencia un extrañamiento tal, que ya no se la reconoce con todas sus funciones constitutivas.
En el desarrollo de este trabajo se destacaron los indicadores que caracterizan a las familias actuales, que pueden convertirse en decisivas para su existencia, entre ellos se destaca: la confusión y superposición de roles, la delegación de sus responsabilidades específicas, la destrucción de la autoimagen de grupo de pertenencia primaria, la dilución de los lazos de solidariedad que se deben por sus vínculos sanguíneos y, específicamente, la débil contención y la adecuada formación que ofrecen para que las jóvenes generaciones puedan insertarse saludablemente en la sociedad.
Los indicadores negativos más notorios en las relaciones familiares actuales son: el abandono, la incomunicación, la violencia, la agresión, la prepotencia, la descalificación. Las teorías psicosociales que explican las relaciones sociales que caracterizan a las familias en la actualidad nos muestran vínculos endebles, basados en las transacciones utilitarias y materialistas. Sin embargo, existen muchas evidencias de que hay familias que logran sobrellevar con éxito los avatares de las carencias económicas, las largas enfermedades, las persecuciones, las pérdidas y resistir, para luego continuar fortalecidas.
Estas condiciones, que sin duda constituyen una fortaleza, las podemos identificar como capacidad resiliente, a su vez, muy asimilable al significado de salud mental.

Bibliografía

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*FESTINGER, L. A theory of cognitive dissonance. En: Moscovici, Serge. Psicología Social I , Barcelona, Piados, 1988.
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*MATERAZZI, Miguel Angel; Otros. Salud Mental: Enfoque transdisciplinario; 3ºed.1ºreim. Buenos Aires, Editorial Salerno, 2006
*MEAD, G. H.; Espíritu, Persona y Sociedad. Desde el punto de vista del conductismo social.; México, Editorial Piados, 1990.
* MARTÍNEZ IÑIGO, David. Contrastación del modelo de inversión de Rusbult en una muestra de casados y divorciados. Psicothema, 2000. Vol.12, nº1, pp. 65-69
*MELILLO, Aldo; SUÁREZ OJEDA, Elbio Néstor. (Compiladores) Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas. Buenos Aires, Editorial Piados, 2003.
*PAGLIARULO, Elisabetta. Tutoría educativa. Espacio para la construcción de resiliencia.
(Ponencia)Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Psicología, 2003.
*PRIETO CASTILLO, Daniel. La Comunicación en la Educación. Buenos Aires; Ediciones Ciccus. La Crujía, 1999.
Fuente documental:
CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES. Ley 448 de Salud Mental En: www.psicologos.org.ar/docs/Ley_448. pdf

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