Medicina y Resiliencia

Introducción

La palabra resiliencia proviene del latín resilio, que significa volver atrás, dar un salto; primariamente está emparentado con la Física y hace referencia a la capacidad de un material para recobrar su forma original después de haber estado sometido a una condición de exigencia máxima. Se proyectó por analogía a las ciencias humanas para referirse a la facultad que permite a las personas, no obstante las condiciones adversas, salir indemnes y transformadas positivamente por dicha experiencia. Se ha convertido en un concepto convergente para muchas ciencias sociales, como metodología y actitud para promover resiliencia o para explicar respuestas altamente positivas.
Esta capacidad es tan antigua como el mismo hombre, muchos pueblos a través de la historia tuvieron que resurgir de catástrofes, guerras, exterminios, éstos son ejemplos indiscutibles de conductas sociales resilientes.

La Medicina posee muchos campos de acción para recurrir a la resiliencia, dado que su ejercicio siempre implica a dos o más personas, en situaciones, muchas veces límites.
La clave de la Medicina es la interrelación que se establece entre el médico y el enfermo, sin dudas, ésta ha variado a través del tiempo, condicionada por los mandatos sociales-culturales y las fuerzas ambientales. Hoy reconocemos que esa relación es cada vez más impersonal, deshumanizada y abstracta, y se hace mucho más evidente en las grandes ciudades. Para intentar revertirla sería conveniente incorporar actos resilientes, ya que producen efectos duales: la reacción positiva del enfermo y el crecimiento de las relaciones humanas.

La observación intencional, en una sala de espera de un consultorio médico, es una fuente de información incomparable. Se escuchan conversaciones, se perciben gestos, tonos de voz, toda suerte de teorías pre-científicas sobre las más diversas enfermedades, prejucios y hasta ejemplificaciones de procedimientos de medicina ancestral. En la actualidad, se incorporan protestas, paciencia y resignación.
Una mañana presencié la relación que se estableció entre una empleada administrativa de un sanatorio y un señor mayor, jubilado, que más que eso era un castigado.

– Señorita, me dieron esta orden para hacerme un electrocardiograma, con urgencia.
-¿A ver abuelo? Sí, es del Dr. tal……, me voy a fijar cuando se lo puede hacer, puede ser para el 30 de abril, a las 14 horas.
-Pero señorita,… me lo pidieron con urgencia y hasta entonces faltan 20 días.
-Bueno señor, puedo fijarme otra vez, pero ya los turnos están dados.

El señor insistió una y otra vez, con resultados semejantes y hasta obtuvo una respuesta con un dejo de molestia de la empleada.

Bueno,…. afirmó el señor. Se dio vuelta y comenzó a caminar, mientras murmuraba: bueno, a lo mejor le hacen el electro a un muerto.
Lo miré hasta que desapareció al final del pasillo y me quedó el sabor amargo que produce la resignación, la quietud, la espera. Éstas son conductas que se constituyen en factores de riesgo para la resiliencia, que se potencian en un adultos mayores, porque les cuesta mucho más hacer un salto hacia una resignificación positiva de su realidad.

Medicina y resiliencia. Primera aproximación

corazon

La relación que propongo, en esta primera parte entre “Medicina y Resiliencia”, es un llamado a la reflexión de los que ejercen o están relacionados con la Medicina, para que comprendan que todos, y mucho más los que están cerca del dolor y de la enfermedad, podemos ser mediadores para atemperar los factores de riesgo y, de ese modo, promover la resiliencia.

Leía una vez, en una antigua revista destinada a los galenos, que la relación médico paciente pasaba por tres etapas: cuando el enfermo acudía a la primera consulta con una serie de síntomas inquietantes, el médico era un ángel, en él se centraban todas las expectativas; una vez curado, el médico era un dios, le había solucionado el problema y aliviado la angustia; cuando llegaba la hora de pagarle, se convertía en un diablo, Si en realidad existieron alguna vez estas representación sociales, en la actualidad han cambiado mucho; lamentablemente, el médico se ha transformado en un profesional que ofrece un servicio, muy apreciado por su necesidad, pero el aspecto humano de la relación se ha mecanizado, se ha hecho un trámite burocrático.
No pretendo buscar la génesis de esta situación, es solamente una descripción realista y punto de partida para abordar la esencia del ejercicio de la medicina, que linda con los actos religiosos, según la tipología de los actos humanos, propuesta por Spranger, E. (1935).
Tampoco olvidemos la evolución de la medicina, desde la magia a la ciencia, que ha teñido toda la historia de la humanidad.
Los actos religiosos confieren sentido a la vida individual, y están dirigidos a su “valor total”. De este modo, la medicina occidental, luego que concibiera al ser humano como una “máquina”, tiende a adoptar progresivamente la idea de que el hombre es una totalidad y además una totalidad compleja y cambiante; por lo tanto, al médico no sólo le interesa la enfermedad de su paciente, también recurre a consideraciones generales de su salud, a los factores psicológicos y culturales que pertenecen a su contexto habitual, ya sea familiar, laboral, etcétera.
Los pueblos más antiguos, desde sus fases más primitivas, tuvieron un enfoque global de la vida y del ser humano, hoy se ve claramente un revival de esa concepción de la medicina, inspirada en los orientales, su visión actual en el mundo Occidental se orienta a ser más holística, de holos, que en griego significa “total y sagrado”- .
Para la OMS “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, lo que pone en evidencia una concepción multidimensional del ser humano.

Revalorización del diálogo entre médico y paciente

Pensemos en un paciente que acude a la consulta médica, la observación directa nos dará una información racionalmente conectada con su enfermedad, si no se establece una buena relación, una verdadera comunicación médico-paciente, que lo haga sentirse seguro, confiado, lo más probable es que enmascare o limite la información, bloqueado por sus temores, o por la inhibición que le produce la situación asimétrica: el médico, con todo su saber y el enfermo como paciente.
Generalmente, y mucho más en los casos de enfermedades graves, prolongadas, el enfermo va construyendo un estado que compromete también a su salud mental.
La salud mental no es un estado que se hereda, ni es la resultante de un deseo o acción individual, su presencia se hace evidente mediante indicadores que atribuyen a un individuo un determinado comportamiento. De lo expuesto se deduce que el estado de bienestar mental es el resultado de un proceso de interacción de diferentes agentes y/o factores y no es definitivo, se caracteriza por una constante búsqueda de adecuación entre la persona, sus representaciones mentales y la relación con su entorno social, tratando, en especial, de resolver sus disonancias, (Festinger, L. 1957). La salud mental es evaluada mediante la correspondencia entre la conducta de un individuo y el comportamiento esperado por el grupo social al cual pertenece.
Una persona en crisis, sea cual fuere su causa, tiene toda la posibilidad de desajustarse, de alejarse de lo que se espera de él socialmente, máxime cuando se desconocen las causas de su estado.
Una situación de enfermedad, en general, produce: angustia, depresión, motivaciones
negativas, encierro; no sólo lo afecta particularmente a él, su entorno familiar vive esa
situación como puede, y no siempre de forma saludable.

Aproximaciones a una definición de resiliencia

*Habilidad para resurgir de la adversidad, recuperarse y acceder a una vida significativa y
productiva. (ICCBInstitute on Child Resewliense and Family 1994)

*Enfrentamiento efectivo de circunstancias y eventos de la vida severamente estresantes
y acumulativos ( Lösel, Blieneser y Koferl 1989)

*Capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e
inclusive, ser transformado por ella. (Grotberg, 1995)

*La resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción; es
decir, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión; por otra parte, más
allá de la resistencia, es la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a
circunstancias difíciles (Vanistandael,1994)

*La resiliencia es una condición intrínsecamente humana, es subjetiva, siempre está en
potencia en cada uno de los hombres, sólo basta un suceso, una mediación, una
intervención adecuada y oportuna para rescatarla, de ese modo es posible recomenzar,
renacer reconfortado y más fuerte porque se logró una resignificación positiva que
como una proa orienta hacia una nueva forma de vida (Pagliarulo, 2006)

Promover la resiliencia
Promover la resiliencia es reconocer la fortaleza, más allá de la vulnerabilidad. Apunta a mejorar la calidad de vida de las personas a partir de sus propios significados, según ellos perciben y se enfrentan al mundo.
Nuestra primera tarea es reconocer aquellos espacios, cualidades y fortalezas que ha permitido a las personas enfrentarse positivamente a experiencias estresantes asociadas, en nuestro caso, a la pérdida de la salud.
salud.
Estimular un actitud resiliente implica potenciar esos atributos, incluyendo a todos los miembros de la familia o de la comunidad en el desarrollo, la aplicación y la evaluación de los programas de acción, que conduzcan a una nueva concepción de la realidad. (Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes OMS).

 

Acerca de fundacioncirro

Somos una Asociación Civil sin fines de lucro, que nació del encuentro de varios profesionales, que desde nuestras especialidades, pudimos encontrar aristas comunes para pensar en el hombre y la mujer en sus diferentes etapas de la vida, tratando de rescatar dentro de ellos los aspectos que los hacen fuertes y creativos frente a la adversidad, que al superarse se constituyen en modelos de una reacción humana superadora. Creamos un ámbito donde se pueda crecer en los campos científico, social, espiritual, individual y grupal. Definimos una línea temática: todos los aspectos y campos donde el concepto de resiliencia tiene líneas de acción y estrategias que orienten y cohesionen nuestras investigaciones y nuestros servicios ofrecidos a la comunidad. Ciudad de Rosario, Santa Fe Argentina. info@cirro.com.ar
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