El Surrealismo, un paradigma para aproximarnos al lenguaje y a la obra de Salvador Dalí.

“La diferencia entre los surrealistas y yo es que yo soy surrealista” (Salvador Dalí)

El Surrealismo es un movimiento artístico del siglo XX, que utiliza un lenguaje simbólico, cuyas imágenes expresan lo que la mente concibe en estado de vigilia. Esta es una de las tantas definiciones que se le ha dado a una expresa voluntad de forma, que identifica a muchos artistas europeos y americanos.

Este trabajo pretende favorecer un acercamiento a la obra del gran maestro surrealista, a la vez que elogiar la posibilidad de establecer un contacto directo con sus realizaciones menos conocidas, pero realmente significativas.

Bases científicas y literarias del Surrealismo

El surrealismo constituye una postura superadora del  Dadaísmo. Este movimiento surgió durante la Primera Guerra Mundial, en Zurich. La experiencia interminable y lacerante de la guerra, más el nivel intelectual elevado del arte y la literatura gestaron una rebelión, que se tradujo en una actitud manifiesta: antiartística, antiliteraria y antipoética.

Dadá se proclama como el testimonio de la radicalización: “Está en contra de la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica, contra la inmovilidad del pensamiento, contra la pureza de los conceptos abstractos y contra lo universal en general”. (De Micheli 1979). Proponen el cambio, la libertad ilimitada del individuo, la espontaneidad, lo inmediato, lo fugaz, lo aleatorio, la contradicción.

El Dadaísmo instala un clima cultural pesimista, acorde con la realidad que se vivía en la época, por esta razón tuvo entre 1917 y 1923 una expansión insospechada, pero inevitablemente debía tener su fin, puesto que los intelectuales y artistas que lo siguieron en los primeros momentos de su desarrollo, encontraron nuevos horizontes para expresarse y nuevas influencias que modificaron su adhesión y propusieron otros caminos.

Tristán Tzara, padre de Dadá, expresa claramente el punto esencial de la cuestión general de la actividad dadaísta de aquellos años: “Es cierto –afirma- la tabula rasa elegida por nosotros como principio directivo de nuestra actividad no tenía valor más que en la medida en que otra cosa la hubiera sustituido”.

Muchos de las posiciones dadaístas se mantuvieron en el Surrealismo, pero con una fisonomía diferente: de la negación se pasa a la afirmación.

El surrealismo propone: la libertad del hombre como positivamente razonable, la búsqueda con características experimentales y científicas, se apoya en la filosofía y en la psicología. Opone al anarquismo puro de Dadá, un sistema de conocimientos.

El Surrealismo descubre desde sus comienzos la fractura entre arte y sociedad, entre el mundo exterior y el interior, entre fantasía y realidad. Todos sus esfuerzos tendieron a aproximar los opuestos, entender la crisis y la fractura de las convicciones que habían regido el mundo de la ciencia y de lo valores sociales.

Rimbaud afirmaba: “La literatura es una idiotez” si no entendemos que lo que está en juego no es el arte de pintar o escribir poemas, sino el destino del hombre, su lugar en la tierra.

El Surrealismo tuvo una voluntad implícita, la de superar las posiciones de protesta y de rebelión para adscribirse a una perspectiva realmente revolucionaria.

André Breton es considerado como el ideólogo del Surrealismo; reconoce dos pilares en su Manifiesto, el materialismo dialéctico de Marx y los aportes de la psicología contemporánea, representada por Freud. No obstante, este movimiento no presenta una doctrina compacta. El esfuerzo de Breton por mantener unidos a sus seguidores, no fue fácil, porque es indudable que en la dialéctica surrealista se pone en evidencia la situación histórica real de fractura que existía entre el arte y la sociedad.

En este sentido los aportes del Surrealismo son encomiables y de una clara voluntad moderna, la de llevar a la cultura, trasponiendo la crisis, a un terreno creativo, con la fuerza de una visión nueva.

¿Cuáles son las  características de la identidad del Surrealismo?

Con palabras de André Breton el “Surrealismo es automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”.

La poética del automatismo llevada al hecho plástico impulsó a los surrealistas a la creación de procedimientos que permiten sustraer el dominio de las facultades conscientes de la realización de una obra.

La base de la creación del surrealismo es la imagen, no se trata de la figuración tradicional, es decir de la imagen realista, basada en la similitud, sino todo lo contrario. El artista surrealista vivifica una imagen que viola las leyes del orden natural y social, este es su objetivo máximo, quitarle el color y la función propias a los objetos, los cuales tienen como imperativo producir un shock  agresivo en el espectador, para poner en marcha su imaginación, y despertar especialmente los extraños campos de la alucinación y los sueños.

Los “objetos” creados por los surrealistas se agrupan por categorías: “objetos transmutados”, de “origen afectivo”, “objetos para proyectar”, de “origen onírico”, “objetos-máquinas”, de “origen fantástico-experimental”, “objetos-modelos”, de “origen hipnagónico” y otros más.

Notas biográficas ineludibles

Salvador Dalí nació en Figueres, Gerona, en 1904, en el seno de una familia burguesa, hijo de un notario bienpensante y de una sensible dama aficionada a los pájaros. Su ambición fue llegara a ser Dalí, “… pero esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí”.

Su precocidad es sorprendente: a los doce años se hace impresionista, a los catorce, ya ha profundizado el conocimiento del arte de Picasso y se ha hecho cubista y a los quince se ha convertido en editor de la revista Studium, donde publica sus dibujos, brillantes pastiches para la sección titulada “Los grandes maestros de la Pintura”.

En 1921 llega a Madrid, para estudiar en la Academia de Bellas Artes. Allí conoce y frecuenta a su amigo Federico García Lorca. Con el tiempo lo visita en Cadaqués, y en las calurosas noches del verano, junto al Mediterráneo, escribe la célebre “Oda a Salvador Dalí”.

Luis Buñuel también llegará a Cadaqués para trabajar con su amigo Salvador en un guión cinematográfico, absolutamente atípico y del que surgirá una película tan extraña como es El perro andaluz.

En 1926 Dalí viaja por primera vez a París, allí  se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton. Salvador se enamoró de Gala en el verano de 1929.

En 1938 conoce por fin, gracias al escritor vienés Stefan Zweig, a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien había escrito, en 1900, su libro La interpretación de los sueños, pero que hasta ese entonces, sus jóvenes admiradores de París, nunca lo habían tomado demasiado en serio.

Regresó a España en 1949, fija su residencia de nuevo en Port-Lligat y encuentra en el régimen del general Franco toda suerte de facilidades.

Durante los años setenta, Dalí expresa que la pintura es “una fotografía hecha a mano”, con esta afirmación respalda el estilo hiperrealista internacional que, saliendo de su paleta, no resultó menos inquietante que su prolija indagación anterior, sobre el ilimitado y equívoco universo onírico.

En 1974 investiga la tridimensionalidad en la pintura y comienza su obra estereoscópica.

En sus últimos años se consagra a torturar la materia y los lienzos con los frutos más perversos de su feraz imaginación, pero se mantuvo siempre fiel al paisaje de su infancia: Port-Lligat, una bahía abrazada de rocas donde el espíritu se remansa.

El místico y narciso, Salvador Dalí, fue uno de los mayores pintores del siglo XX, convirtió la irresponsabilidad provocativa en una estética, una lúgubre estética donde lo bello ya no se concibe sin que contenga el inquietante fulgor de lo siniestro. Dalí exhibió de forma irreverente todas las circunstancias íntimas de su vida y su pensamiento. Murió en Púbol, en 1989.

 

Dra. Elisabetta Pagliarulo

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